Cuando tu alma clama por algo, desesperadamente. Da la sensación de que lo único que existes eres tú y el vacío, es desesperación: la desgarradora sensación de que tu espíritu cae a pedazos. La necesidad de pegar un salto y ser libre, las ganas de no depender de nadie más. La imperiosa forma que tus manos hacen al dirigirse a tu pecho, con la firme decisión de arrancarse el corazón y lanzarlo lejos, ese corazón que encadena y no te deja correr, y la inutilidad de no hacerle caso, porque sin sentimientos no eres nada, NADA. Sin la capacidad de sentir alegría, paz o la libertad que te daría el no tener esa maquinaria de sensaciones en el pecho. ¿Por qué al ser humano le tocarán tan vastas paradojas? ¿Simplemente por el hecho de ser? No, es simplemente el hecho de existir y razonar el que nos lleva a tales laberintos, es como encontrarse a la esfinge y que esta te pregunte ¿quién eres?¿Por qué piensas?¿Para qué vives? ¡¿Por qué sientes?! No puedes decirle “porque vale la pena” por la simple razón de que no es cierto, no siempre lo vale. La respuesta más correcta sería decir “porque no lo pude (puedo) evitar”.
